TAILANDIA: EL RECUENTO – PARTE 1

– Sàwàdee-ka

– Khòb Khun-ka

– Phajaan

Estas fueron las 3 palabras que aprendí en mi viaje a Tailandia y que todavía después de un mes las sigo recordando perfectamente. Son pocas palabras, pero créanme que en medio de todo, fue difícil aprender más. Las primeras dos palabras las recuerdo fácilmente por el uso diario que les di estando allá – Sàwàdee-ka significa “hola” y KhòbKhun-ka significa “gracias”. Ahora la tercera palabra  – Phajaan – no se me olvida porque me dejó marcada para siempre. Y su significado se los explicaré en la segunda parte de este blogpost, y no solo su significado, sino lo que realmente implica. Pero empecemos primero por lo bonito, la experiencia y ese sueño cumplido.

En mi blog ya les conté sobre las razones por las que decidí ir a Tailandia y también les conté un poco sobre cómo me preparé e informé para estar lista para esta aventura, en mi blogpost “14 Días en una Mochila”.  Así que digamos que ésta es la continuación de la historia, donde finalmente traigo los resultados y el recuento de una maravillosa experiencia. Si no leyeron mis dos blogposts anteriores, les cuento rápidamente que este viaje lo hice con el propósito de conocer el continente asiático por primera vez y para aprender sobre el elefante asiático y su situación, en un voluntariado en la región de Chiang Mai al norte de Tailandia.

Les iré contando toda mi experiencia desde un punto de vista muy personal, con detalles, datos y algunas recomendaciones – les contaré las cosas bonitas, lo inesperado y lo aprendido a lo largo de las 2 partes que compondrán todo este recuento.

PREVIO AL VIAJE

El tan esperado día de mi viaje pasó muy de prisa. Es increíble cómo sentí que ese día, luego de meses de planificarlo, llegó tal cual ruta Managua-Masaya en hora pico: donde si no te subís corriendo al bus, te quedas sin ‘raid’.  Así sentí que llegó el día – o estaba lista, o estaba lista. No tuve tiempo siquiera de procesar el gran momento que tenía frente a mi. Como verán no tengo foto oficial de “ese gran primer día” o la foto de “aquí inicia mi aventura” – no, no tengo esa foto. Tengo un montón de snaps y stories que desaparecieron en la estratosfera después de 24 horas. Lo único que pude recuperar fue una captura de pantalla de un snap que tomé desde un baño… :/ (Lección aprendida). 

Foto recuperada de mi Snapchat – Mi foto del recuerdo

Y es que había pasado tantos días planificando este viaje, asegurándome de que no se me olvidara nada, que se me pasó por unos días respirar y vivir el momento. Incluso en los dos o tres días previos al gran viaje, seguía escribiendo listas. Quería estar preparada para cualquier eventualidad y para poder compartir con todos ustedes todo lo que fuera aprendiendo sobre la experiencia y los elefantes. Así que fue mucha preparación, investigación, y estudio previo.

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El día de mi viaje tuve la ventaja que mi vuelo salía de noche, lo cual al menos me dio tiempo para alistarme con un poco más de tranquilidad. Recuerdo haber dejado apartada la ropa que me pondría ese día: leggings negros, camiseta manga larga de tela suave y ligera color gris, chaleco verde olivo, una bandana rojo lavado y mis botas favoritas de Sperry que me sirvieron muchísimo en los días lluviosos y lodosos durante mi voluntariado. Todo lo que me puse ese día fue pensando en estar cómoda para dormir en el avión y a la vez verme bien cuando llegara a mi destino. El resto de lo que necesitaría llevar conmigo a mano en el avión – pasaporte, billetera, libro, cámaras, computadora, cosméticos, etc – también lo aparté y lo empaqué en mi equipaje de mano. 

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Botas Sperry Duck Boots y mi mochila Totto – Listo todo para el viaje

Una vez lista y vestida, recuerdo que terminé de empacar los últimos detalles en cada compartimento de mi mochila de 60 litros Brum60 de Totto y sentirme feliz de que todo había cabido perfectamente en orden y sin problemas. La lista de cosas que había elaborado, planificando qué llevar  al viaje, me había servido muchísimo (mirá aquí cómo empaque y lo que llevé). 

Mochila Totto empacada y Zapatos Sperry 7Seas

Y pues así, mi cabeza estaba en muchas cosas, pero una vez que la preparación terminó, que empaqué, que llegué al aeropuerto y me chequeé y pasé a la terminal para esperar mi avión – me empecé a sentir más tranquila y mi mente y mi cuerpo se alinearon otra vez, ambos en el presente, listos para disfrutar de cada paso del viaje.

La Vida es un Viaje – Lista para despegar!

LA VIDA ES UN VIAJE

Ese día ya en el avión me esperaban 27 horas de viaje. Mi vuelo salió de Washington, DC en la linea aérea Qatar Airways hacia Doha, la capital de Catar – ubicado al este de la península arábiga. Este viaje lo reservé con el servicio de Perfect Choice, junto con las reservaciones de hotel y dos tours que hice en la ciudad de Chiang Mai, que más adelante les contaré. La plataforma web de Perfect Choice me encantó porque me fue permitiendo organizar mi viaje con todos los detalles necesarios e incluso a presupuestarme mejor. Además, que una de las razones por la cual me gustó más el servicio es que pude usar las millas que he acumulado con mi tarjeta de débito de mi Cuenta de Ahorro Millonaria de  Banco Ficohsa para pagar parte de mi viaje.  Mi agente en Perfect Choice también fue quien me sugirió volar con Qatar, que debo decirles que ha sido mi mejor experiencia de vuelo hasta el momento – la comida deliciosa y la atención sumamente atenta y amable. 

Mi vuelo salió a las 9:30 pm y duró doce horas y media. Al inicio estaba super ansiosa de pensar en que pasaría tanto tiempo en un avión, pero con costo y lo sentí. Me encantó que cuando llegué a mi asiento había una bolsita pequeñita con tapones para los oídos, calcetines, antifaz, cepillo de dientes y pasta dental. Cosas que ya llevaba conmigo en mi mochila de mano, y que honestamente ni recordaba que muchos de los vuelos transatlánticos lo ofrecían. Al poco tiempo de abordar y despegar nos dieron de cenar y luego de eso, no duré mucho tiempo antes de quedarme dormida. 

Me desperté cuando solo faltaban 40 minutos para aterrizar en Doha y cuando miré por la ventana poco después, me quedé impresionada de la vista. Ahí realicé de que finalmente el viaje era una realidad – ya había “cruzado el charco”.

En Catar solo me quedé 3 horas. Lo suficiente para conocer un poco el aeropuerto y ver el famoso Oso Amarillo que tienen en el vestíbulo principal – una obra de arte hecha en bronce y pintada en color amarillo canario del escultor suizo Urs Fischer y que tiene un valor de alrededor de 6.8 millones de dólares.

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LLEGADA A TAILANDIA 

Luego de hacer mi escala en Doha, me tocó ir a Bangkok, la capital de Tailandia. Mi segunda y penúltima parada. El viaje de Doha a Bangkok duró seis horas y media. En este vuelo no dormí tanto, pero iba preparada con mi tablet cargada con programas y películas que Netflix permite descargar para luego ver offline. Además, aproveché para escribir en mi diario y empezar a llevar el récord de cada momento en papel.

Bangkok finalmente fue mi entrada oficial a Tailandia. Luego de pasar migración y finalmente encontrar el área del aeropuerto para vuelos domésticos, esperé mi avión mientras paseaba por los pasillo de la terminal. Recuerdo que iba con los ojos bien abiertos para procesar todo lo nuevo que estaba viendo y viviendo. Lo primero que recuerdo que llamó mi atención  fue ver arroz con mango anunciado en todos los restaurantes y puestos de comida del aeropuerto -arroz glutinoso (pegajoso) bañado en leche de coco y servido con mango que en Tailandia es un postre de temporada. En ese momento no lo probé porque no estaba segura si era dulce o salado y la verdad prefería tener mi primer experiencia culinaria fuera del aeropuerto. Así que luego de pasear un rato, me fui a mi puerta de embarque y finalmente salí hacia mi destino final: la ciudad de Chiang Mai.

CHIANG MAI

Lo primero que pensé cuando estábamos a punto de aterrizar y miré hacia la ventana fue: “¿Quién me trajo de vuelta a Nicaragua?” La verdad quedé sorprendida del parecido que tiene la topografía del norte de Tailandia a la nicaragüense – y no solo desde el aire, sino que incluso una vez que empecé a conocer, de verdad que me sentía como en casa.

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El aeropuerto de Chiang Mai es pequeño pero tiene de todo. Mi primera impresión cuando salí de migración, fue lo ruidoso y caótico que se sentía el ambiente. Pero al final me di cuenta que nadie me acosaba para ofrecerme servicios ni cargarme las maletas – y con eso me sentí feliz.

Lo primero que hice, entonces, al hacer mi entrada oficial a Chiang Mai fue buscar una casa de cambio – que está exactamente frente a la salida de migración. No quería cambiar mucho dinero porque usualmente los aeropuertos tienen las tasas de cambio menos favorables, pero necesitaba algo para el primer día, para pagar mi taxi al hotel y para comprar una sim-card con plan prepago para mi celular, que me permitiera tener internet y estar conectada. Las tres cosas las encontré una al lado de la otra, justo frente a mi salida – súper fácil y conveniente.

#Dato: La moneda en Tailandia es el Baht y cuando viajé estaba a 34 bahts por 1 dólar. En Tailandia no aceptan fácilmente los dólares, por lo que hay que tener siempre moneda local a la mano. Ya me habían dicho que Tailandia era barato, pero no me imaginaba lo realmente barato que sería. Para darles una idea, mi plan prepago de datos ilimitados por una semana me costó apenas U$ 7.60 con llamadas, mensajes de texto, y el sim-card incluido, y mi taxi al hotel me costó U$4.90. Lo que sí hay que tomar en cuenta es que, aparte de que solo se puede pagar en moneda local en la mayoría de los establecimientos, usualmente solo aceptan efectivo, por lo que es importante tener eso en mente cuando se visita el país. Lo bueno es que hay muchos cajeros automáticos disponibles – yo pude utilizar mi tarjeta de débito de Banco Ficohsa sin problema. Lo que hay que saber es que, por cada retiro con tarjeta internacional cobran el equivalente aproximado a U$6.50 de comisión, sin excepción.

Una vez sentada en mi taxi, lista con celular conectado, y con unos cuantos bahts en mano, la aventura iniciaba oficialmente. Había llegado y no lo podía creer. El trayecto del aeropuerto al hotel fue corto, aproximadamente de 12 minutos, y esos fueron mis primeros momentos descubriendo la ciudad.

#Tip: Tener mi celular activado con internet me ayudó mucho para movilizarme usando Google Maps. Como Chiang Mai es una ciudad altamente turística, su población es muy receptiva a hablar inglés, aunque sea muy básico. Cuando vi que era así me fui sintiendo un poco más confiada. Aunque para algunos casos más complejos busqué palabras o traduje textos usando el app de Google Translate que tiene una función también de operar offline y sirve de maravilla.  Y bueno, y si por último andaba de prisa y quería comunicar algo que no sabía cómo decir – las muecas y gestos nunca me fallaron.

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El hotel que reservé con Perfect Choice estaba ubicado justo en el corazón del casco antiguo. Un hotel de 3 estrellas que me encantó por que tenía una ubicación inmejorable, habitaciones impecables con aire acondicionado y agua caliente, y un restaurante al aire libre frente a la calle con el desayuno incluido.

#Dato: Chiang Mai es la segunda ciudad más grande y visitada de Tailandia después de Bangkok. Es una ciudad reconocida por sus numerosos templos budistas, sus museos, su comida y por ser una ciudad con un alto sentido espiritual, artístico y cultural. Chiang Mai cuenta con un casco antiguo (Old City) que está rodeado por un muro con cuatro entradas principales a cada lado. El casco antiguo es la zona más popular entre los viajeros con una gran oferta de hoteles y hostales, restaurantes, y tiendas. Sus calles son pintorescas, fáciles de transitar y con gente sumamente amable.

En las afueras del muro del Casco Antiguo de Chiang Mai

Al llegar al hotel lo que más quería era bañarme, cambiarme, comer y empezar a conocer la ciudad. Y así lo hice. Me puse mis zapatos Sperry 7Seas para caminar lo más cómoda posible y camine por varias cuadras. Debo confesar que ese primera salida me intimidó un poco porque finalmente caí en cuenta de que estaba sola en un lugar totalmente desconocido, con un idioma y una cultura muy distinta a la mía. Así que ese día caminé con timidez y cautela, tratando de comportarme de la forma mas respetuosa posible a la cultura tailandesa.

#Dato: Al visitar los templos en Tailandia, se debe seguir una serie de normas de la religión budista. Para entrar a un templo, las personas deben quitarse los zapatos, las mujeres debemos cubrir nuestros hombros y nuestras piernas hasta la rodilla. Al sentarse, tanto hombres como mujeres deben esconder los dedos de los pies para tratar evitar apuntar con ellos a cualquier imagen de Buda. Una mujer nunca debe tocar a un monje o alguna de sus pertenencias, y tampoco debe sentarse a su lado en el transporte público. En los templos más concurridos por turistas, existen puestos donde prestan pashminas y telas a las mujeres para cubrirse antes de entrar. En mi caso, ya había leído sobre esto, por lo que en mi mochila siempre me asegure de llevar una pashmina para cubrir mis hombros cada vez que entraba a un templo.

Caída la noche de mi primer día en Chiang Mai, estaba exhausta. El jetlag empezaba a hacer estragos y tuve que descansar unas horas antes de salir a pasear por el mercado nocturno que todos los domingos se instala en las principales calles del caso antiguo y en mi caso, justo frente a mi hotel.

Esa noche quedé fascinada. El mercado emerge de la nada y se instala en las calles y se convierte en un paraíso de compras y comida. Se vende ropa, accesorios, decoración, piezas de arte, comida, bebidas, en fin.. un sin numero de artículos que visten de colores las calles.  Esa noche comí en las calles de Chiang Mai, en uno de los multiples puestos que se desplazan por el mercado nocturno. Comí dumplings y una ensalada de mango con jengibre y maní exquisita. También compré algunas cosas – entre ellas los famosos pantalones tailandeses y unos accesorios de jade que no pude dejar de llevarme.

Esa noche me fui a dormir feliz. Llamé a mis papás y a mi novio para contarles todo lo que había visto y me alisté para mi gran objetivo en este viaje: mi llegada a Elephant Nature Park la mañana siguiente – el santuario de elefantes en Chiang Mai donde me quedaría por una semana realizando trabajo voluntario y aprendiendo sobre elefantes asiáticos y su situación en Tailandia.

Pero esa historia es la segunda parte de este blogpost, es una historia un poco más compleja y aun estoy escribiéndola. En esa segunda parte es donde les explicaré sobre esa tercera palabra que aprendí en Tailandia – Phajaan.

Por el momento aquí hago una pausa, esperando que me sigan acompañando en esta recuento en los próximos días…

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